
Y entonces, por veinteava vez en ese mes, me volvió a llamar al celular. Ya no sabía qué hacer para que me dejara en paz, así que deje de negarme y de una vez por todas le conteste.
- Sí, soy yo. ¿Qué quieres?
- Hola, ¿Cómo has estado?
- Bien. ¿Dime de una vez que quieres? No me hagas perder mi tiempo.
- Verte.
- ¿Para qué?
- Nada mas quiero verte, hablar contigo, saber cómo has estado.
- ¿Sabes qué? Ya me tienes hasta la madre. Está bien, pero te advierto que va a ser
la última vez que me veas.
- Está bien, dime donde te veo. Tengo muchas ganas de verte.
- Te veo en “La Romita”, ahí en la banca de la fuente, junto a la iglesia.
- A qué hora, en verdad necesito verte y decirte algo importante.
- Mira, saliendo del trabajo te veo, como a las 22:00hrs.
- Está bien, ansío verte.
- ¡Uy si!, yo también.
Le dije en tono de sarcasmo y colgué.
Dio la hora pactada, yo estaba sentada en una banca junto a la fuente. La calle estaba desierta y en la iglesia había una misa privada a puerta cerrada.
Entonces el llego corriendo con un ramo de rosas rojas.
- Hola, ¿Cómo estás?
- Bien.
- Te traje unas flores.
- Mjm.
Dije haciendo una cara de fastidio.
- Y ¿Cómo has estado?
- Ya te dije que bien. Ahora si me puedes decir ¿Qué quieres?
- Platicar contigo.
- ¿De qué? Creo que ya está todo claro ¿no? Estás casado, tienes un hijo.
- Pero es que mira, a ver, dame un beso.
- Estas mal, ¿Pues qué te crees?
- Es que necesito decirte algo muy importante.
- Dímelo, ya estoy aquí. Te escucho.
- Yo te amo, aunque tú me odies. Es la verdad, estoy arrepentido de lo que hice, fue un error haberte dejado soy un estúpido.
Subí los ojos, ya estaba harta y dije en tono de sarcasmo:
- Yo también te amo, no sabes cómo te he extrañado. Mi vida ha sido un infierno sin
ti.
Solté una risa irónica. Me levante de la banca.
- ¿Por qué te levantas? Deja que me siente junto a ti, déjame besarte, abrazarte…
- No, siéntate, ahora necesito que me escuches a mí.
Entonces di un largo suspiro y cerré los ojos por un instante.
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Te gusto jugar conmigo? ¿Piensas que soy tu piche juguete? ¿Que puedes buscarme cuando tú quieras? O que, ¿Me buscas por qué no se te hizo cogerme?¿Qué te pasa?
- No, en serio te amo, fue un error haberte dejado, vamos a un hotel y platicamos, ¿Te parece? Es tarde y será mejor hablar toda la noche.
- ¡Claro! ¿A cuál?
Conteste con ironía subiendo una ceja.
- Al que tú quieras mi amor, voy a hacer todo por ti, dejo mi casa, a mi esposa, a mi hijo. Lo dejo todo.
- Está bien, quiero estar contigo siempre.
Entonces lo abrace y le dije al oído:
- ¿Estás feliz mi vida? ¿Me quieres besar ahora o hasta que lleguemos al hotel?
- ¡Ahora!
Me tomó de la cintura y acerco su cara a la mía. Yo le pedí que me soltara un momento.
- Espera un segundo.
Dí media vuelta, me aleje dos pasos y saque el revólver dorado que traía.
- Ven, abrázame. Te amo.
- A ver, dime una cosa: ¿Que se siente morir diciendo mentiras?
Di la media vuelta, apunte directamente a su cabeza y jale el gatillo. Mi brazo fue movido hacia arriba debido a la fuerza del disparo.
Únicamente cayó con los ojos abiertos.
Se escucho un motor al tiempo que abrían las puertas de la iglesia y las señoras gritaban al verlo medio metido en la fuente, que ahora, tenía el agua mezclada con sangre.
Mis amigos dijeron: ¡Súbete, súbete! ¡Córrele!
Entonces así lo mate.
- ¿Y serías capaz de matarme a mí?
- A ti no mi vida, a ti te amo mi gatito, tal vez, si te pasaras de pendejo como el…
¡Ja, ja, ja, ja!

