El atorón





Tres de la mañana y tu celular suena.

-¿Bueno?

Dices con una voz entre dormido y despierto.

-Por favor no cuelgues, no hables, solo escúchame.

-¿Quién habla?

-Soy yo, escucha, pon atención, despierta por favor.

-Si, ¿Qué pasó? (sigues medio dormido y te escuchas molesto porque te he despertado).

-Tengo que decirte que no te he podido olvidar, que te amo aunque tu ya no pienses en mi y en tu corazón haya alguien más. Fui muy feliz y dichosa a tu lado, nunca lo olvides. Eres una gran persona. Sé muy feliz. Te amo.

-¿Tomaste?, ¿Dónde estás? Mañana en la tarde te llamo a tu casa, porque no te estoy entendiendo. Tengo mucho sueño y tengo una junta temprano.

-Adiós amor mío, descansa. Siempre pensaren ti.

El sueño te vence y dejas caer el celular abierto sobre la cama. No escuchas la voz que dice: “Es suficiente, dame todo lo que traes”

Mis lágrimas ruedan por mis mejillas recordándote.

Me arrebatan la bolsa y un certero tiro se dibuja entre mis cejas.

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